Niña Que Naces En España

22.04.2014 11:19

 

     Hay muchos días en el calendario en los que salir del útero materno y dar la bienvenida al mundo, trescientas sesenta y cinco tardes diferentes, abundantes lunas, cuantiosas madrugadas. La probabilidad y el azar juegan aquí su papel más crucial e importante y marcan como se marcan a las vacas, nuestro origen y existencia. Pues como sabes, Dios da más importancia a lo que somos que a lo que hacemos.

Existen infinidad de lugares en los que saludar por primera vez a las nubes y observar la inmensidad de su cielo melocotón, múltiples son los países y millares las posibles ciudades. Desde Lima hasta Pekín, desde Chicago hasta Roma, pasando por Valparaíso, Berlin, Moscú, Buenos Aires...

Pero tú, niña mía, por la gracia divina del Dios de los cristianos, tú, has nacido en la Semana más Santa del año, un domingo de resurrección, y en el creyente y piadoso pueblo de los relojes parados llamado España.

     La Biblia será tu fuente de sabiduría, tu guía y tu apoyo, tu bálsamo, tu respuesta. El libro que curará el vacío de tu mente llenado de fe religiosa tu curiosidad infantil. Y la Iglesia, silenciosa y mártir, será el lugar elegido donde culpabilizarte por tus inocentes fechorías de adolescente inquieta y el espacio donde reconducirte tras tus pecados clandestinos.

Aún no lo sabes, niña mía, pero tu sangre está repleta de caballos desbocados y toritos negros, de aceitunas amargas y vino añejo. Forjarás tu personalidad como lo hacen las piedras de tu río, inundada por fuera pero seca por dentro, y abanicarás con suspiros en blanco y negro el caló de tus penas. Tu universo, tu pueblo, tu casa, dirigido por la musculosa conciencia de los varones, harán que dócil y obediente te vistas de negro luto cuando el Señor lo mande. Todo por la inercia conservadora de un mundo que gira a derechas, todo por la rectitud inquebrantable de un Dios que así lo quiere.

     Y nada de hacerle caso a la asquerosa y repugnante acción, antievangélica y antitodo, de los más de tres cientos casos de pederastia realizados por sacerdotes en países como Francia, México, Estados Unidos, España o Italia. Los medios de comunicación son impíos y libertarios.

¿Declaraciones como las de Leopoldo Gonzáles -portavoz de la comisión episcopal mexicana- tras la salida a la luz que el sacerdote Nicolás Aguilar siguiera ofreciendo misa tranquilamente en Puebla con más de noventa violaciones de niños a sus espaldas, argumentando: ''somos curas pederastas, somos humanos''? Nada, no le des valor a esa noticia.

¿Y aquello de que el Titular de la Diócesis en Tenerife, España, justificase el continuo abuso de sus compañeros sacerdotes diciendo que el problema es que hay niños que provocan? Ni caso, tú ni caso.

Tú crece como creció tu madre, como creció tu abuela, por el camino angosto y marcado de las señoras respetables, y aprende bien los valores del Manual de la Buena Esposa.

Aún no lo sabes, niña mía, pero donde has nacido ''la mujer lleva inscrita la obediencia en su interior y el hombre en cambio lleva la vocación de la libertad''. Acuérdate de este pulcro mandamiento escrito en el fabuloso libro cásate y sé sumisa. Llévalo en tu bolso, ese caro de los domingos, y echa mano de él cuando el viento fresco de la libertad desenrede tu pelo y crezcan dentro de ti unas ganas locas de correr por la calle ancha hasta el horizonte. Respira, lee y vuelve a respirar. Ahuyenta a los demonios del placer, que te llevarán por las oscuridades del alma, y recuerda: cásate y sé sumisa.

¿Y eso de permitir que se casen los maricones y las lesbianas o que se utilicen preservativos para prevenir enfermedades? ''Eso es de personas enfermas, ignorantes y carentes de valores'', oirás mil veces. El ambiente del pueblo hará que te alejes de esas ideas bárbaras.

Aún no lo sabes, niña mía, aún no lo sabes. Pero todavía estás ajena de las mesa-camilla de chismorreo marujón, de los sálvame deluxe diarios y de la hipocresía de los que pregonan de puertas para afuera pero no consigo mismos. Todavía estás al margen de los moldes preestablecidos, de las Vírgenes de resignación continua y de ese camino angosto y marcado de las señoras respetables.

     Aún no lo sabes, niña mía, pero aún estás a tiempo de fugarte de ti misma, de escapar de tu sombra y de permitir que el aire de la libertad desenrede tu pelo mientras corres por la calle ancha hasta el horizonte.

Estás a tiempo de desatar a los caballos desbocados que llevas en tus venas y galopar sin miedo más allá del cielo, más allá del monte de los olivos. Sin cruces, sin resignaciones, sin cleros machistas. Galopar sin miedos impuestos ni limitaciones, sin nada, solo tú.

     Estás a tiempo, niña mía, corre desnuda, corre, y créate a ti misma lejos de todo.

 

 

EN CIEZA A 20 DE ABRIL 2014

ROBERTO GALLEGO