Centenario: Platero y Yo

13.04.2014 18:40
 
 

     “Platero es un burro pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Come de todo y los del pueblo dicen que tiene acero...”. Estas palabras publicadas hace un siglo en  Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881-San Juan, Puerto Rico, 1958), son historia de la literatura universal. Es uno de los libros más traducidos en los últimos cien años, después deLa Biblia y El QuijoteLa Fundación Juan Ramón Jiménez ha preparado para 2014 un centenar de actividades entre las que se incluye la publicación de una nueva edición de Platero y yo. El ejemplar no saldrá a la venta, se repartirá gratuitamente entre todos aquellos ciudadanos que acudan a lo largo del año a Moguer, el lugar de nacimiento del poeta y donde se encuentra la Fundación Zenobia, dedicada al estudio y la investigación en todo lo relativo al escritor. Será una edición especial, según los responsables, en la que se seguirán los criterios estéticos y tipográficos que marcó el autor. También se podrá escuchar una reproducción sonora del capítulo La púa, leído por Zenobia Camprubí, esposa del poeta.

     Influenciado por Rubén Darío y los simbolistas franceses, Juan Ramón Jiménez contó en ese libro centenario la amistad entre un burro y un poeta.  El autor hace una exaltación de la naturaleza, y presenta al hombre en contacto y armonía con su entorno, a través de un lenguaje repleto de símbolos y metáforas. Platero y yo  pertenece a la primera de las tres etapas en las que los expertos en la obra del poeta estructuran su trabajo. En ese libro destacan las precisas descripciones del paisaje, los sentimientos vagos, la melancolía, la música,  el color, los recuerdos y ensueños amorosos y la muerte.

     La profesora de Filología  y adaptadora de clásicos para ediciones infantil y juvenil Rosa Navarro Durán es una ardua defensora de la lectura de los clásicos en todas las edades para poder adquirir una cultura sobre la que asentarse en la edad adulta. ¿Por qué hace estas adaptaciones? "En un intento de que no desaparezcan. Los clásicos son un patrimonio que poseemos. Si dejan de leerse las nuevas generaciones terminarán olvidándose de ellos. Hay libros que con 13 o 14 años todavía no se pueden leer porque los jóvenes no los entenderían, pero sí deben conocer su existencia". Navarro puntualiza que está descubriendo en la Universidad e incluso jóvenes que ya han acabado la carrera que desconocen la existencia de libros que deberían haber formado parte de su cultura. "Es impensable que los franceses o los británicos desconozcan a sus clásicos"