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04.03.2014 09:49

 

 

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Pequeño homenaje al genio Julio Cortázar

 

 

La importancia del sistema numérico, sin darnos cuenta, hace peso en nuestra existencia de una manera suprema. Así, despacio y sin ruidos, como se mete la niebla en nuestras casas o en nuestros huesos, los números de un modo prudente y reservado nos entregan un vendabal de siginificados. Dentro de ese laberinto de cifras, de ese submundo de cantidades, para mí existe un número que sobresale por encima de todos, un número que indica el inicio y el fin, el alfa y el omega de mis pasos y mis besos.

El arranque del motor de mis latidos fue el año en que le conocí, el año en que me topé con él, y por supuesto que ocurrió de la forma más casual que hubiera podido imaginar, como casi todas las cosas importantes que nos suceden en la vida.

Fue en un cruce de vías, veloz, apresurado, rápido... fue en un hola y adiós. Él, tan en blanco y negro, tan cerebro de mil lenguas, tan sesenta y nueve primaveras; y yo, tan corazón prematuro, tan semilla recién plantada, tan nuevo en el planeta.

Uruguay salió de la dictadura y entró en la democracia gracias al triunfo del Partido Colorado. China y Gran Bretaña llegaron a un acuerdo para la descolonización de Hong Kong. Y durante Ronald Reagan -sin saber que su micrófono permanecía activado- pronunció: ''compatriotas americanos, me alegra decirles que hoy he firmado una ley que ilegalizará Rusia para siempre; empezamos a bombardear en cinco minutos'', en España nacía la primera niña probeta.

Mientras, en ese instante fugaz de nuestro encuentro, él y yo nos mirábamos, perplejos e inmutables, absortos y ajenos, como contemplan las catedrales los sabios, como observan la luna los astronautas.

Y fue precisamente en ese año, no en el anterior ni al siguiente, exactamente en ese año, cuando se creó el Cirque du Soleil, cuando Ernesto Sábato recibió el premio Cervantes y cuando el francés Michel Platini fue nombrado el mejor futbolista del mundo.

Las pupilas de la gente se llenaban con las aventuras de Indiana Jones y el Templo Maldito, con la nueva ciencia ficción que ofrecía Terminator, con la comedia fantástica de Cazafantasmas.

Y los oídos de todos eran alimentados por el Like a Virgin de Madonna, por el Amante Bandido de Miguel Bosé, por el Born in the USA de Bruce Springsteen.

Y mientras los atletas sudaban y se dejaban los músculos y las neuronas por atrapar una medalla de oro en los Juegos Olímipicos de Los Ángeles, él y yo, irremediablente, sin posibilidad de contención, en esa aproximación de apenas unos segundos, nos dimos un verso y nos metimos en un grave poema.

De todo aquello hace ya tres décadas, tres décadas de aprendizaje, tres décadas huérfanas. Treinta años de lluvias y de soles, de gozos y de sombras, de dictaduras y falsas democracias, de micrófonos abiertos, de premios Cervantes...Treinta años de deportistas millonarios, de poetas en la ruina, de políticos corruptos, de películas, de Hollywood, de mentiras.

Y aunque ahora, en el 2 0 1 4, existan diferentes cantantes y los escenarios sean distintos a aquellos 80', al final siempre resuena la misma canción: Ucrania, Siria, Venezuela...

1 9 8 4, no fue un año cualquiera en el calendario, en absoluto. No fue un año de esos de los que nadie se acuerda y los destierra de su memoria como se borran y olvidan los grises martes de noviembre.

1 9 8 4, sería importante, muy importante, George Orwell como gran visionario ya lo vaticinaba en su novela. Esas cuatro cifras consecutivas: el uno, el nueve, el ocho y el cuatro, en ese orden, en esa exacta posición, formarían como resultado un año crucial para la Historia, un año crucial para mi historia.

Y en ese efímero, breve, corto, pero inmenso encuentro con él, con el maestro de maestros, se marcó a fuego en mi alma una doctrina suprema, una enseñanza universal.

1 9 8 4... Él se marchaba, yo venía.

1 9 8 4... Él se moría, yo empezaba.

Gracias Julio. Gracias Cortázar.

 

 

 

ROBERTO GALLEGO

En Madrid a 3 de marzo de 2014